viernes, 30 de enero de 2009

de los verbos

Todo está mejor allí donde ni estamos; el pasado sólo puede parecernos maravilloso cuando lo dejamos atrás. Los únicos paraísos son los perdidos. Dos antagonismos, y una realidad que estoy estrenando. Vivo el presente.
Un autor escribió "Vivir consiste en construir futuros recuerdos", ese es el lugar en el que quiero estar. Presente, pasado del futuro.

jueves, 29 de enero de 2009

a vueltas

"Cuanto más envejezco, más inquieto me vuelvo", le confiesa Carl Einstein a Daniel-Henry Kahnweiler.
La inquietud se ha instalado en todos nosotros, inquietud de futuro. Sin embargo, cuanto más inquieta, menos agobiada me encuentro, más ligera. Estoy instalada en la inquietud de saber, que aparca lo innecesario de tener.
Procuro viajar más allá de aeropuertos y estaciones, y sin billete; porque la mente siempre vence en capacidad de lontananza.
No obstante, mañana ineludiblemente tengo que viajar, espero encontrar las cosas que voy buscando. Contaré... algunos cuentos.

miércoles, 28 de enero de 2009

mis pocas luces


Nunca he tenido otra patria que la de las personas que quiero. No sé nada de banderas.Si soy partidaria de algo puede que sea del pendón medieval. Cada uno su bandera.Con los colores que le gusten.
No pertenezco a partido alguno que no sea el de la razón. Soy crítica y camino de sociópata.Todos los discuros los encuentro en la literatura. Los ritmos que marcan mi vida son los de las músicas del mundo. No me cuesta mirar el arte más contemporáneo, y sentir emociones.Incluso- ¿entenderlo?-, si es que de eso tratara el arte. Sin embargo, no entiendo una palabra de lo cotidiano.
Entender no entiendo nada y lo que no llego a entender nunca, es la seguridad de los hablan...por boca de ganso.
Hoy he aprendido una nueva palabra: estafermo.
(Foto Marcela)

martes, 27 de enero de 2009

impresiones diarias

Estoy descubriendo la vocación de contar todos los días algo, porque la palabra destino requeriría una explicación filosófica. El destino no es sino azar la mayor parte del tiempo. Vocación-diaria de impulsos sin pretensión, apenas incubados; una especie de impresionismo-expresionismo vital.
Una intenta al mismo tiempo ser persona por vocación y por destino. Por voluntad consciente y racional de ejercer un oficio, que no es sino el de la inmediatez. Yo no sé por qué escribo éstos posts. Barthes comenzaba un magnífico texto con esta frase: "Se escribe para ser amado". Con el tiempo me di cuenta de que esa frase no es cierta, porque todo lo que hacemos es para ser amados. Cuando escribimos, lo hacemos para ser amados de un modo específico. Lo misterioso es que sea a través de la escritura. Ser amados por lo que escribimos es una singularidad misteriosa.
Y mucho más misterioso es lanzar botellas al mar inmenso de la red. Y esperar que alguien las recoja, y dentro apenas haya nada. Navegar por la tempestad desconocida, pero a salvo.
(Foto de Joanna Pitman, en Saatchi Gallery)

domingo, 25 de enero de 2009

ampliando el vértigo

Ayer coloqué un post hablando del miedo. Hoy, he encontrado a un poeta, ese tipo de gente que hace con los muebles hogueras, y de las cenizas crecen árboles.
Así que cómo me ha gustado tanto aquí va lo dicho, bien dicho.
«Ambigüedad de la catástrofe»
Lo había perdido todo:
amor, familia, bienes, esperanzas.
Y se decía casi sin tristeza:
¿no es hermoso, por fin, vivir sin miedo?
(Ángel González, de Nada grave)
(Foto Edgard Martins)

sábado, 24 de enero de 2009

vértigo tranquilo


Siempre tuve miedo, ahora ya no lo tengo. Los miedos me decían, eran irracionales y ahora cuando he perdido todo, la tranquilidad ha vuelto.
Si se llega al abismo-o cerca- se puede ver el atardecer con los pies colgando.
Sabemos lo que tenemos.
Sabemos lo que necesitamos.
Sabemos de lo que podemos prescindir.
A eso le llaman control de existencias. (De Revolutionary Road)
Soy paciente, lo quiero todo ahora.

viernes, 23 de enero de 2009

gente que amo

...Frank es un romántico contradictorio y un consumista del no consumo. Tiene la decadencia de alguien que puede gastar pero no lo hace. Es un hombre inofensivo equipado con un lanzallamas, rodeado de tierra árida. El paisaje de Frank está contaminado con documentos legales. Demandas. Juicios en contra de los adversarios y de los muchos que han intentado estafarle. Una vez taladró agujeros a través de un montón de sus propias reproducciones, atadas con alambre, para arreglar un acuerdo contractual. El paquete atado de fotos estuvo como un reposapiés en su sótano durante años. Mas tarde, colocaría el paquete de imágenes dañadas colgado de una pared.
Frank no se detiene en recapacitar. No se entretiene en la misma cuestión dos veces, particularmente cuando ésta es la misma expresada de otra manera. Los caminos artísticos no cruzan sus caminos, se acaban. La parte oscura de Frank es una mordaz estrategia. Frank no tiene miedo de los conflictos o de la revolución. Es en el conflicto, de alguna manera, donde encuentra consuelo. Por lo menos uno puede ver los problemas - y fotografiarlos si es necesario.
Un día caminando por la 2ª Avenida a principios de los 90 con Robert Frank y Herbert Huncke, paramos en la esquina de la 4th Street. Al lado de la acera se encontraba un viejo Chevy esperando a que el semáforo cambiara de color. No tenía muelles de suspensión y los amortiguadores no funcionaban – el tubo de escape no se podía oír por encima del estruendo de la música que venía de la radio del salpicadero del coche. Era un día caluroso y las ventanas del coche estaban bajadas. En su interior había seis chicas puertorriqueñas, tres sentadas en el asiento delantero y tres en el de atrás. Ellas eran el vivo, exaltante espíritu de libertad de las adolescentes que hacen su primera salida en un coche sin padres.
Estábamos de pie en la acera mirando dentro del coche. Huncke estaba en un lado, Frank en la mitad, y yo al otro lado. La música tenía un constante ritmo y el coche, una necesidad de modernidad. Algo que todos alguna vez habíamos sentido y después desaparece. Mientras la luz se volvía verde, la joven sentada en medio del asiento delantero, se apoyó sobre el regazo de su compañero hacía la ventana del copiloto y miró directamente a Frank.
“Haz una foto” dijo ella, “Házla internacional”
Al hacer el comentario, el semáforo se volvió verde y el coche rugió hacía el cruce.
“Ella ha visto algo” dijo Frank.
No sabía quien era él pero vio sus ojos – y cómo sus ojos miraban - como a través de una lente - lista para capturar- la belleza, la inocencia y lo roto en todos nosotros.
Jack Kerouac, extracto del prólogo "The Americans" de Robert Frank
“Menos gusto y más espíritu… menos arte y más verdad”, decía Robert Frank.
(Fotografía de Inge Morath, Marilyn en un descanso de la película "The Misfits", dedicada a Desconvecida)