
Si Marcel Proust se hubiese quedado amordazado luego de que André Gide -por entonces lector para Gallimard- devolviera el manuscrito de En busca del tiempo perdido con este comentario: "No puedo comprender que un señor pueda emplear treinta páginas para describir cómo da vueltas y más vueltas en su cama antes de encontrar el sueño", nunca hubiésemos disfrutado de la lentitud y del placer de la descripción.
Escribir por escribir y recibir la negativa de los editores, demuestra la raza de la que a menudo están hechos los que escriben. Los admiro por ello. Empeñarse en lo inútil es lo más cercano que puede estar un ser humano de hacer algo útil.
Sé que queda retórico pero lo llevo pensando la mitad de mi vida.
Graham Greene, Charles Bukowski, Vladimir Nabokov, Philip K. Dick o Malcolm Lowry, por citar algunos ejemplos, podrían haber colgado la máquina de escribir amordazados por la frustración del rechazo. Pero no lo hicieron.
Internet va a acabar con esa tiranía y estamos aquí para verlo. Publicar, publicar en la red...malditos..
(Instalación es de Joanna Vasconcelos (gracias, Pilar) con azulejos de Adriana Varejâo, de una lámpara que no sirve para alumbrar: sino para iluminar. Con unos humildes tampones, convierte un objeto lujoso y barroco en un arma arrojadiza además de feminista)
(foto partisana)