domingo, 18 de enero de 2009

autorretrato con marco

Quería haberme ganado la vida cómo veraneante perpetua, pero nací y crecí en un momento, en que trabajar era una especie de profesión muy bien vista. Al tener que hacer cómo que trabajaba, tuve que buscar una dedicación que me gustase y me dediqué al arte y la cultura. Era lo que yo consideraba “lo único”.
Mi madre, cuando iba a verla y le contaba lo que hacía, decía “hija mía, cuanto hay que trabajar para no hacer nada”.
Ese es el resumen, iba, volvía, sin una forma de profesión sólida, evitando concienzudamente lo que de verdad daba una "posición". No podía con la representación de la realidad, cuánto más conocía, menos sabía y más me negaba a los conceptos con trastiendas vacías. Me convertí en una mediocre profesional que sabía algo de mucho y no estaba especializada en na.da.da. (Fue mi época neo-dadá).
Conocía y admiraba el magisterio de Duchamp sobre la ingeniería del tiempo perdido, sabía de la magia de la grasa de Beuys, de la banalidad de Warhol, de la palabra escrita de Kosuth. Es decir, que los que me interesaban eran aquellos profesionales de la nada. Eso sí, pensada y conceptualizada.
En esas estoy,…..no soy nada. Y no madrugo nada. A mi manera, creo que he alcanzado el éxito.

2 comentarios:

Bellaluna dijo...

Al final la vida te empuja a un avispero incendiado y nuestra principal ocupación de huir de él: a través de Roma, París, NY, Buenos Aires, Tombuctú, Rabat... y llegar -a dónde?- sin que te pique ningún bicho.

edith dijo...

¿Te ha picado alguna vez una avispa muerta...?
Veo cómo tú, que escapar es huir hacía casi ninguna parte. Ahora lo más éxotico es el sofá de mi casa.
Gracias por tu visita