domingo, 19 de febrero de 2017

de tejer calceta para guardar poesía de Ajmátova


Durante la última ola de terror de Stalin, cuando Anna Ajmátova no sólo tenía prohibido publicar sino que además sometían su departamento a razzias periódicas y hasta le habían puesto micrófonos ocultos, su táctica para evitar el cepo literario era dar a memorizar a siete personas de su máxima confianza cada poema que escribía. Nadiezhda Mandelstam no pudo ser de la partida porque ya conservaba en su cabeza todos los poemas de su marido, el gran Ossip (muerto en los gulags de Siberia por aquel epigrama que le dedicó a Stalin). Pero la joven Natalya Gorbanevskaya no tenía marido y vivía en el mismo edificio que Ajmátova, la admiraba sin límite y además tenía una memoria especialmente fértil para la poesía: así ingresó al círculo de Las Calceteras. 

Ajmátova las llamaba así porque cada una de las visitantes llegaba al departamento munida de agujas y lana, y hacía ruido de tejer para los micrófonos de la KGB mientras memorizaba línea por línea el poema garabateado en un papel que Ajmátova le mostraba y que procedía a quemar en el cenicero en cuanto la visitante le daba un silencioso gesto de asentimiento. Así se hacía realidad en la URSS de Stalin la famosa profecía de Bulgakov: “Los manuscritos no se extinguen en el fuego”.

Eran los tiempos en que casi no se veían hombres por las calles rusas: o habían muerto en la guerra o Stalin los había hecho desaparecer en las purgas, o el miedo los había convertido en soplones. Mentira: quedaban los jovencitos, y Ajmátova tenía una pandilla de revoltosos admiradores (el pelirrojo Joseph Brodsky y sus amigos), pero los eximía de riesgos porque no quería que terminaran en el gulag por su culpa. Ya había visto caer a dos maridos y a un hijo; prefería valerse de mujeres. Hay una hermosa anécdota de esa época: Nadiezhda Mandelstam iba en un colectivo lleno que se bamboleó al pasar por un pozo; se agarró del brazo de la persona que tenía al lado y, al darse cuenta de que era una viejita tan esmirriada e inmaterial como ella, le pidió perdón con vergüenza pero la viejita contestó: “No es nada. Las mujeres como usted y como yo somos de hierro”.

viernes, 17 de febrero de 2017

bofill y la fábrica, una rara belleza.



De Ricardo Bofill no me gusta casi nada de su arquitectura, pero sin embargo me gusta aquél aire de libertad y cambio que introdujo en un modelo de profesional. Su equipo  vivía y trabajaba a su alrededor en una antigua fábrica de cemento a la que su buen ojo hizo un modelo de chalet-cementero rodeado de paisaje y cerrado dentro de una ciudad dormitorio como es Sant Just Desvern. Minimalismo, brutalismo, gótico, y mezcla de garndes espacios con muebles de arquitectura. Yo la conocí y siempre me gusto por sus contradicciones.

lunes, 13 de febrero de 2017

Cosas del corazon



Tu corazón no puedes darme a diario;
si eres capaz, es que nunca lo diste.
Un amoroso enigma: aunque el corazón parta
conserva su lugar, y al perderlo, lo salvas

John Donne

domingo, 5 de febrero de 2017

el love-cost





Las historias felices no tienen buenas novelas. Así se ha escrito siempre. En cualquier tipo de arte lo considerado agradable no incita el menor interés. Es pura decoración. Existen amores que se decoran. 

Y personas que pasan por ellos como turistas ocasionales. El viaje es más peligroso, requiere tiempo y nunca se sabe si la vuelta será tan fácil como el que  ofrece la seguridad de comprar de ida y vuelta. Los turistas nunca tienen que arrastar con el pasado, simplemente les quedan unas fotografías. 

Y es que el  pasado, si se piensa es algo infinitamente más real que el presente, por lo que se trata de una consecuencia mucho mayor.

La vida hoy va en low-cost, los amores también lo son y no llevan equipaje. Cualquier lugar es bueno y no se va a ellos, simplemente se mira el recorrido más barato. En el love-cost uno se sube, se baja,mira y olvida. Son amores que en un click van a la papelera.

domingo, 29 de enero de 2017

de la ternura




La pasión siempre es improvisada, la ternura viene de serie. Los que nacen sin ella se han perdido una de las cosas más salvajes y dulces de la vida. Creo que es mucho más animal. Y no es un sentimiento blando como se cree, sino algo que tiene que ve con la fuerza de nuestras emociones.

Si algún elemento da belleza y sentido a la vida, ese es, sin duda, la ternura. La ternura es la expresión más serena, bella y firme del amor. Es el respeto, el reconocimiento y el cariño expresado en la caricia, en el detalle sutil, en la mirada cómplice o en el abrazo entregado y sincero.

El mundo está lleno de apasionados muy duros. 

martes, 24 de enero de 2017

a vueltas con yoko ono



Todos los amantes de The Beatles la odiaron. John Cage la valoraba tanto que la llevó como intérprete en su primer viaje a Japón (dos cosas le fascinaban especialmente: que Yoko hubiera ido de chica a la Escuela Gakushuin de Tokio, exclusiva para miembros de la familia imperial e integrantes de la aristocracia japonesa, donde fue compañera del hijo del emperador Hirohito y de Yukio Mishima, y que hubiera hecho siete años de conservatorio como estudiante de piano, hasta el día en que confesó que soñaba con ser compositora, y la pusieron de inmediato a aprender canto porque “las mujeres no sirven como compositoras”). Y Sol LeWitt, considerado el creador por antonomasia del arte conceptual, dice haber tomado de ella la idea de que una obra de arte podía ser su explicación a modo de instrucciones zen (una de las primeras piezas de Yoko era una caja de fósforos con la frase: “Enciende un fósforo. Contémplalo hasta que se extinga”; otra se llama "Caja Que Sonríe": un cubo que, al abrirle la tapa, tiene un espejo en el fondo que refleja la expresión del que la ha abierto: todos sonríen sin saber por qué cuando lo abren).

John Lennon conoció a Yoko Ono en esta exhibición de arte. En el medio de la exposición había una escalera que llegaba hasta una lupa colgada del techo y, en letras muy pequeñas, estaba escrita la palabra "yes". Lennon dijo que si la palabra hubiese sido "no" él se hubiera marchado de inmediato.