Lo del equilibrio nunca se me ha dado muy bien. Sin embargo tampoco lo busco. Los indios hopis viven en la cuerda floja y son una cultura que lleva miles de años.
Estar equilibrado es una de esas cosas que todo el mundo repite y habla de ello pero nadie sabe qué es. ¿Es equilibrado trabajar por lo que quieran pagarte? ¿es equilibrado hacer todos los días las camas a sabiendas de que por la noche se deshacen?
¿Se puede salir de vacaciones todos al mismo tiempo, sabiendo que todo estará ocupado y que de lo que huyes, incluidos tus vecinos, te los encontrarás en el chiringito de al lado?
Mi padre siempre fue muy equilibrado, y he procurado siempre no seguir sus pasos. Era tan casi perfecto que mi madre decía "a tu padre le gustaría desayunar por la noche para tenerlo ya hecho por la mañana"
Cómo sería que la noche antes de morir, media hora antes, se dobló toda la ropa perfectamente por si le ocurría algo. Los pantalones perfectamente doblados y colocados.
Yo creo que la parte fundamental de mi existencia ha sido estar desequilibrada para no perder el equilibrio. Igual que esos gimnastas que se balancean a un lado y a otro para no caer de la cuerda floja.
Sí, he vivido en la cuerda floja.
Siempre he considerado las relaciones desequilibradas más divertidas, y llevada de mi inconsciencia creía que hay que tratar de volar alto aunque luego te hagas pedazos contra el asfalto. En el desequilibrio encuentro mi equilibrio.
Puedo afirmar y afirmo además, que soy doctorada por varias universidades en relaciones desequilibradas e imposibles. Necesito cuidar, mimar y equilibrar a la otra persona hasta que yo me desequilibro por completo. No sé querer a personas equilibradas, por eso ahora prefiero estar sola y mi trabajo se ha convertido en mi relación más estable...Me estoy empezando a conocer, y creo que voy a ser la mujer de mi vida.
Entonces, ¿somos contradictorios? ¿Vale la pena vivir siempre equilibrados? ¿Por qué nos empeñamos en vivir en la cuerda floja? Simplemente porque desde la cuerda se ve más alto, y se ponen mariposas en el estómago. A partir de ahí, solo queda encomendarse a algún santo.