La imagen que yo creé a partir de un conjunto de anhelos, de deseos
incumplidos, de pequeños fracasos. Así ingresó usted a mis insomnios. Mario Benedetti
En el poema de Felipe Benítez Reyes, "Balada del insomne", los tres primeros versos reproducen el ritmo truncado del pensamiento nocturno, y presentan al final cierto consuelo: "cuando el día se abra en su blancura, / los ojos crearán ese otro sueño / que soñaré despierto y que, a lo sumo, / tendrá la realidad que tiene el humo" (Escaparate de venenos, 2000). La escritura mental del insomnio genera una vigilia diferente, paralela, que ha sido bien vista por Mario Bellatin: "Una de las razones del insomnio del paciente es que debe construir su propio sueño, su estar dormido, de la misma forma como ordena su escritura. Ya no le es posible descansar libre y abiertamente (...) No. Debe crearle una forma al sueño. Ir hilando un tejido textual que sea el que sustente esas horas en apariencia perdidas". Es decir: el insomne trata de cubrir el vacío de su vigilia. El insomnio convierte en escritores a los no escritores, y a los escritores en meticulosos dibujantes de celdas. Y a los insomnes pertinaces nos convierte en zombis, que ni escriben, ni leen, ni piensan, ni sueñan. Si el no dormir me convirtiera en algo, daría por buenas las noches en vela. Lo único que consigo es estar medio despierta-dormida toda la noche y parte del día.Y mi mayor deseo es dormirme dulcemente. Pero mi sueño es un conjunto punk, y preferiría más el estilo Tom Waits.
Creo que para escribir es necesario estar muy despierto.Y para soñar muy dormido.
CUESTION DE CREENCIAS Creo en el morado de las berenjenas, en el rojo de los tomates, en el amarillo del plátano. Creo en una república de verduras y frutas. II Creo en la lectura diaria de tu cuerpo. Creo en el capítulo central de tu libro abierto. En las páginas de tu corazón encogido. Creo en el prólogo y epílogo de tu deseo. III Creo en los frutos secos, en las palabras crudas. En tu sonrisa, en el llanto de tus huesos. Creo en lo más increíble: en la trinchera que a diario cavamos en las baldosas de esta paz.
En la fosa común de nuestro abrazo.
(José Vidal Valicourt) Creo en las cenizas, porque hay vientos que las avivan.
¿Qué opina de los blogs que ventilan cosas muy privadas, de esas que nos dan un poco de pudor ? Odio la contención, en todos los aspectos de la vida. También en los blogs. Amo a los corredores de campo abierto. Valoro la sinceridad, la desfachatez y la falta de miedo. Adoro a los escritores egoístas. Y el pudor no lo pierdo para lo único necesario: el no perder la empatía hacia los seres que me rodean.
¿Cuántas versiones de un post escribe antes de publicarlo? Una sola. Escribo de un tirón y publico. Luego lo leo publicado y empiezan los "uy, aquí falta una s..." "uy, esto que mal suena,..." "oh, he metido una redundancia..." Y así voy corrigiendo 350.000 veces mientras mis seguidores del feed se cortan las venas. Soy un desastre. Todo, TODO, lo hago demasiado deprisa y sin pensar en lo que estoy haciendo. Todo. Hasta vivir.
Porque soy vehemente, y siempre vulnerable. Porque pierdo batallas que sé de antemano perdidas, porque no tengo tiempo para perderme algo. Y porque lo único privado que tengo, lo puedo gritar a los cuatro vientos. Vientos que me llevan en ocasiones a ninguna parte.
Me encantan las discusiones inútiles, el gusto por la repetición, que nos recuerda quiénes somos. No conversamos para llegar a una conclusión, sino para escuchar al otro rebatir cualquier argumento nuestro, saber que podemos contar con él, que no nos va a dejar solos con nuestras contradicciones. Y cuando el otro no está, no rebate, o no te escucha es como una obra de teatro sin público. Y no hay nada más triste que sólo hablar de lo que hacemos. Cuando lo importante es descubrir quíenes somos y qué es el mundo. Nunca he aprendido nada de quién ni habla,ni escucha: los indiferentes.
¿Tiene acaso otro sentido la vida que filosofar o rebatir? Si nos expulsaron del paraíso con la frase "ganarás el pan con el sudor de tu frente", creo que está claro que el trabajo es un castigo. Y si es placer, es que estamos dejando de lado los verdaderos. Vivimos una época de autismo tecnológico, de indiferentes conectados, y de adultos-niños a los que les han abandonado en los parques temáticos de lo virtual. Las redes son frías. Hace años que transitamos la misma carretera, metiéndonos en un desvío. Y continuamos rumiando con placidez nuestras vidas, ni muy felices ni muy infelices: moderadamente satisfechos, hacemos la digestión de nuestros sueños, que son de plomo.
Una
mujer hermosa, riéndose a mandíbula batiente, con la cabeza inclinada
hacia atrás y el rostro levantado hacia el cielo, los ojos cerrados, el
cuello tenso. Con su mano izquierda, ligeramente contraída en un puño
sin fuerza, parece contenerse las convulsiones
que la risa le provoca en el estómago; con la derecha sujeta a la vez
unos guantes y un cono de barquillo con una bola de helado demediada; de
su muñeca cuelga un bolso de cocodrilo (no creo que sea de imitación,
parece adinerada), mientras que en el antebrazo reposa esmeradamente
doblada (con el forro a la vista) la chaqueta del traje, de la que
seguramente se ha desprendido a causa del calor que también le ha
provocado el deseo de tomarse el helado. Permanece de pie, en plena
calle, dándole la espalda a un escaparate dominado por medio maniquí sin
cabeza ataviado con americana, camisa y corbata de hombre. Nunca nadie
sabrá qué o quién la hace reír de modo tan absoluto y hermoso de ver: un
gozo. Pero, por razones probablemente psicoanalizables,
siempre he creído que ese estafermo elegante y descabezado, y el cono
del helado que tal vez caiga al suelo si continúa la carcajada, podrían
darnos alguna pista. (Manuel Rodriguez- Rivero) Un hombre en los 60's gran fotógrafo, recoge las actitudes de unas mujeres, en el proceso de liberación o cuando las actitudes se convierten en formas. Garry Winogrand, construye un panel de imágenes que recogen y forman parte de la historia de las mujeres de aquellos años. Aquél hombre, hablaba con su cámara dónde otros sólo veían imágenes. Su título no fue bien acogido por las feministas en su época, su propia cuñada le pidió que lo cambiará. "Women are beautiful", ahora es un icono para las mujeres contemporáneas. Porque en definitiva, es perfecto en contenido y forma. (partisana)