



En 2009 entré en un estado de pobreza involuntaria,y no es que antes fuera rica sino que me comportaba como si lo fuera. Compraba lo que me apetecía y no lo que necesitaba. Así que me he sometido a una intensiva dieta educacional y no compro casi nada. Ahora simplemente distingo entre los placeres físicos como la comida, y las promesas de placer provocadas por el marketing de los productos y objetos fabricados en masa. Ya no necesito nuevos móviles, ni nada de última generación.Los objetos que posea van a ser de mi generación, y no los voy a cambiar. No quiero nada nuevo ni mejorado, simplemente lo quiero bueno, y que dure- además necesito que el libro de instrucciones tenga sólo una página-, a más no llego.
Me he montado unas navidades low cost sin regalos, leyendo y viendo películas que ya he visto y que son todas un lujo verdadero, testadas y confirmadas por el buen gusto.
¿Cuales son las cosas buenas del mundo?, pregunta Godwin,- que por cierto era anarquista y padre de Mary Shelley la de Frankestein-, "se pueden dividir en tres: la subsistencia, los medios para la mejora intelectual y moral y las satisfaciones baratas", y el lujo de lo bueno conocido, añado.
Y ahora les dejo con unas postales navideñas alrededor del mundo; entre otras el pavo indultado de la Casa Blanca. Soy una desertora de lo navideño, y quizás por llevarme la contraria desde hace dos años coloco una bolas rojas en la puerta que no retiro hasta entrada la primavera. Tengo una cabeza que no me la merezco.





