miércoles, 10 de septiembre de 2008

cosas mías

Siempre he creído que había cosas mías que otros compartían. Y que incluso no eran unos pacatos pringadillos. Eran rebeldes, radicales, y por eso hoy he leído a Reig y me ha gustado lo que dice, porque lo comparto y porque no creo en el consenso.
Copio con una interpretación libre: Tampoco pretendo caerle bien a todo el mundo: ésa es una ambición juvenil. ¿Por qué? Porque los jóvenes lo único que quieren es morirse. Caerle bien a todo el mundo es equivalente a estar muerto: sólo los muertos gozan de la amistad de todos.
Sólo me gusta quién quiero.
Mis mandamientos se encierran en tres:
1)todos los cuerpos se resumen en uno, al que yo quiero.
2)Nos duo turba sumus: nosotros dos, tú y yo, cariño, somos una multitud. (bello como el latín)
3)Ya he citado aquí ese verso de Ovidio que siempre me ha gustado. Son palabras de Decaulión a Pirra, tras el diluvio, en el Libro I de las Metamorfosis. Están solos en un mundo anegado, pecios de un naufragio, devueltos a la arena, "una mujer y un hombre gastados por los besos".

1 comentario:

trilceunlugar dijo...

pues claro...cientos de cosas tuyas