lunes, 4 de junio de 2012

la literatura nos ilumina


He encontrado en la red un discurso de un autor que admiro profundamente, y en ella también encontré una amiga que lleva trazas de ser una gran novelista. Se lo dedico por su atención y complicidad.
(para Maia)
La tradición de la novela en la que trabajo tiene sus raíces en las energías laicas de la Ilustración europea, durante la cual la condición privada y social del individuo comenzó a recibir la atención sostenida de los filósofos. Emergió una clase creciente y relativamente privilegiada de lectores que tenían tiempo de reflexionar no solo sobre la sociedad sino también sobre sus relaciones íntimas, y que descubrieron que las novelas reflejaban y extendían sus preocupaciones.
En la obra de Swift y Defoe se examinaba moralmente a los individuos, y sus sociedades se satirizaban o juzgaban a través de viajes fantásticos o basados en historias reales; en Richardson quizá tengamos el primer relato sostenido y minucioso de la conciencia individual; Fielding otorgaba a los individuos visiones panópticas de una sociedad en el espíritu de una comedia benigna e inclusiva; finalmente, la joya de la corona: en Jane Austen el destino de los individuos se relataba a través de una nueva forma de narración, transmitida a las siguientes generaciones de novelistas: el estilo indirecto libre, una técnica que permitía que una tercera persona objetiva se mezclara con un tono subjetivo, y que dejaba al personaje –el individuo de la novela– más espacio para crecer. En los siglos xix y xx, la obra de maestros como Charles Dickens, George Eliot, James Joyce y Virginia Woolf refinó la ilusión literaria del personaje y la representación de la conciencia, y el resultado es que la novela se ha convertido en nuestro mejor y más sensible medio para explorar la libertad del individuo. Y a menudo esas exploraciones muestran lo que ocurre cuando nos niegan esa libertad. Esta tradición de la novela es fundamentalmente laica: coincidencia o maquinaciones humanas, no Dios, órdenes ni destinos. Es una forma plural, clemente, profundamente curiosa por las mentes de los demás, por lo que significa ser otra persona. En sus personajes centrales, altos o bajos, ricos o desdichados, logra, a través de una especie de atención y enfoque autoriales divinos, transmitir un respeto por el individuo.

La tradición inglesa es solo una entre muchas, pero está íntimamente conectada con todas las demás. Hablamos de una tradición judía de la novela, una tradición vasta y compleja, pero unida por temas comunes: una actitud ocasionalmente irónica hacia un dios; la aceptación de una comedia metafísica subyacente y sobre todo, en un mundo de sufrimiento y opresión, una profunda compasión por el individuo como víctima; finalmente, la determinación de garantizar a los oprimidos el respeto que la ficción puede conferir cuando ilumina la vida interior.
Encontramos esos elementos en las alegorías existenciales de En la colonia penal y El proceso de Kafka; en la tristeza y la belleza de Bruno Schulz; en las obras con las que Primo Levi mostró una voz individual en medio de la pesadilla de la Shoah, esa crueldad industrializada que siempre será la medida definitiva de la depravación humana, de lo bajo que podemos caer; en la ficción de Isaac Bashevis Singer, que confirió dignidad a las precarias vidas de los inmigrantes; en distintos términos, encontramos un tema paralelo en Saul Bellow, cuyos angustiados héroes intelectuales luchan en vano por prosperar en una cultura ruidosa y materialista. Siempre, la víctima, el extranjero, el enemigo y el marginado, el rostro en la multitud, se convierte en un ser completamente desarrollado gracias al polvo mágico de la ficción, una materia cuya receta es un secreto a voces: plena atención al detalle, la empatía, el respeto."
( Discurso de Ian Mcwan en el Premio Jerusalem)(de Letras Libres)

11 comentarios:

Blue dijo...

Mmm...seguro que Maia se reconocerá en esas palabras.
Yo creo que además de todo eso tiene talento y tesón (también juventud, ja, ja), así que no le faltan ingredientes para escribir buenas novelas.
Besos.

fiorella dijo...

Siendo una ignorante antes tanta referencia,si creo en eso de lo laico y más allá de Dios trasmitir contradicciones hacia el mismo y respeto por la libertad del individuo, bastante cercano al libre albedrío como verdadera opción y no como una conducta a castigar por algo supremo. Un beso.

Genín dijo...

El futuro es de los jóvenes...
Besos y salud

India dijo...

A mí me hace feliz leeros con complicidad... muy feliz.
Achuhcones a ambas, y en plan generoso, será la felicidad, a todos! :)

Maia dijo...

De todos los autores nombrados, sólo leí a dos o tres. Trece años de mi vida estuve sin tocar una novela ni escribir una sola línea, y es un peso que me derrumba.
No soy tan joven como Blue sostiene, yo me siento más bien vieja, pero si tengo la suerte de dedicarme a escribir lo que me queda de vida, y de escribir algo de valor para alguien algún día, habré cumplido. De los escritores judíos actuales, creo que tanto Amos Oz como Grossman, son un ejemplo de detalle, empatía y respeto. Gracias, Marce, de todo corazón. Espero no defraudarte.

Maia dijo...

Cuando McEwan estuvo aquí para recibir el premio, le hicieron una entrevista que me gustó mucho. Entre todas las preguntas que le hicieron, le preguntaron por qué decidió ser escritor, y dijo que fue porque no soportaba la idea de tener que trabajar para alguien, de tener un jefe. Allí fue cuando terminé de convencerme que este oficio es justo lo que yo necesito ;)

marcela dijo...

Maia es una novelista, de eso estoy segura porque le leo. Tiene tesón y es muy joven, la mayoría de los autores su mejor obra son pasaos los años. la excepción son algunos muy jóvenes que son autores de pocas obras. Triunfan y casi desaprecen.
Un beso

marcela dijo...

Fiorella, las referencias sólo son nombres el cocindo lleva ingradientes que son fáciles aún cuendo no se conozcan todos. Un beso

marcela dijo...

Genín, eso nunca se sabe. Hay gente mayor que tiene mucho futuro. Ese que yo te deseo.
Un abrazo

marcela dijo...

India, estamos ahí siempre, incluso con nuestras tareas. Y lo mejor es que estmos a un golpe de tecla.
Achuchones.

marcela dijo...

Yo he leído mucho a McEwan, me gusta la literatura inglesa de antes y de ahora.He conseguido; trabajar sin depender de un jefe y sin horarios, esa ha sido me prioridad. Me hubiese gustado mucho que hubiera sido escribiendo pero no tengo talento.
Un abrazo Maia.