miércoles, 14 de octubre de 2009

pequeña historia de Chatwin

Chatwin, que trabajaba en Sotheby's de Londres, acudió al oculista que le explicó que tenía que tornar su atención hacia "el horizonte". La cercanía de su trabajo como experto de objetos artísticos le estaba dejando ciego.
Cuando entrevistó a la arquitecto y diseñadora de 93 años Eileen Gray-otra de mis mujeres predilectas- en su salón de París donde advirtió que había un mapa de la Patagonia pintado por ella le dijo "Siempre deseé ir allí". "Yo también" le replicó ella, "ve allí por mi".
Así que se dispuso a partir casi inmediatamente hacia Sudamérica y cuando llegó allí cortó su relación laboral en la casa de subastas con con un simple telegrama: "Me he ido a la Patagonia".

Chatwin vivió con sus contradicciones: entre el nomadismo y el ansia de un ancla, la erudición y la invención, el amor y el egocentrismo, la manía enfermiza del coleccionista y el desapego, los mullidos salones de Sotheby's y el cielo ortodoxo del monte Athos.

Sus libros no son historia literaria en el aceptado sentido del término ni es tampoco historia cultural. No alcanzo a figurarme qué es exactamente. Pero ha sido para mí como los yacimientos de oro de California, un lugar donde el hombre o se hace millonario, o se arruina. Ficcionaba la verdad así que lograba contar "la verdad y media" según su biógrafo.
Caminó errante por la Patagonia, buscó esconder su condición, sólo una mujer lo amó de verdad (su esposa), fue un diletante, un mago, erró y engañó como un verdadero artista. Y escribió uno de los libros más bellos que existen sobre la pasión de coleccionar. "Utz", la pasión de un coleccionista de porcelanas de Meissen.
Se casó sin que nadie entendiera, no reconoció su enfermedad, y murió arropado y cuidado por su mujer Elizabeth de la que se había separado, y por otra mujer que era la esposa del que fue su amante. ! Cosas inglesas !
Chatwin era un coleccionista compulsivo, de países, de sensaciones, de arte...y un ojeador de mundos que en ocasiones le producían miedo. De él quedan sus libros, sus moleskines, su belleza, su recurrente nomadismo. Fue un moderno solitario, que escapaba incluso de sí mismo.
(foto partisana,Berlín)

4 comentarios:

pilar mandl dijo...

¡Qué maravilla ESCUCHARTE!
¡Cuánto se aprende contigo!

Un besazo

nancicomansi dijo...

De Chatwin sólo conoczco el retrato de un hombre rubio de piel clara que promete mucho interés.
Y eso último me lo acabas de confirmar...
veremos si encuentro algo de él en la biblioteca del pueblo...;)

marcela dijo...

Chicas además de listo, guapo. En fin, su biografía lo desmitifica un poco. pero todos tenemos nuestro lado menos bueno. Aunque el estaba bien de frente y de perfí.
Recomendable leerlo.
Quizás son de los tipos para degustarlos en sus creaciones.
Gracias a las dos, me he acostumbrado a vuestras visitas y si no os encuentro me falta algo.

Bellaluna dijo...

Yo también quiero ir a la Patagonía. Me gusta su nombre. Me gusta la palabra diletante y su significado -confundido habitualmente-, me gusta errar, engañar, viajar...

¡Qué hermoso!