domingo, 15 de febrero de 2009

el artista del siglo


Allá por el 1917, un artista francés muy irónico, llamado Marcel Duchamp, y que se decía de profesión ingeniero del tiempo perdido (actividad mucho más estética que artística) acabó de un plumazo con la ingenuidad de los creyentes respecto a la experiencia estética, elevando un vulgar urinario industrial a la categoría de arte. Hoy, esta pieza de museo ha dado lugar no sólo a una pléyade de artistas que se declaran o no, hijos naturales e incluso sin reconocer, del jugador de ajedrez. Titulada Fontaine se trata de un ready made. La pieza ha sido reconocida y votada por comisarios, conservadores de museos, críticos y teóricos del arte como la pieza más importante e influyente de todo el arte del siglo XX.
El urinario ha sido fuente de inspiración de muchos de los mejores artistas desde que fue creada y todavía hoy, la influencia de Duchamp como artista es una de las más potentes y seminales del arte.
La historia de la Fontaine implica a muchos, desde el rechazo del Salón de los Independientes de Nueva York, del que Duchamp fue uno de sus creadores, hasta la fotografía que del urinario realizó Stieglitz, a petición de Duchamp, sin saber quién estaba detrás del R. Mutt firmante de la obra. Todo lo que rodea la historia de la pieza es una obra de arte en sí.
El misterioso R. Mutt hoy sabemos que no era otro que Marcel Duchamp, y que jugaba un eminente papel en la famosa Society. En 1916 fue fundada en Nueva York, y la primera exposición de la Society of Independent artits, Inc., se celebró en el Grand Central Palace de Nueva York.
En virtud de uno de sus estatutos todo el mundo podía ser artista, y se podía ser miembro de la sociedad artística pagando un dólar mensual, cinco al año, o exponiendo en la exposición de Society. No había jurado ni premios. Más de 2.125 obras de 1.235 artistas fueron expuestas, sin embargo, el urinario de Duchamp, la que iba a ser según todos los conservadores y críticos la obra más relevante del siglo fue rechazada. Nunca se sabrá del todo la rocambolesca decisión de rehusar la obra de Duchamp, e incluso Kent, Arensberg o Glackens, que fueron los protagonistas no se ponen de acuerdo, pero en la biografía de Kent, It’s Me, Oh Lord, cuenta que tras una acalorada discusión decidieron rehusarla por una cuestión de procedimiento: la ficha de inscripción no fue cumplimentada correctamente. Incluso ni el mismo Duchamp hubiese encontrado más artístico el hecho.
La pieza original desapareció de Sydney Janis, y ahora existen tres réplicas que fueron una la de Janis de 1951, otra la de Linde en 1963 y de Schawarz en 1964, aún cuando el único original existente y auténtico sea el fotografiado por Stieglitz y que apareció en The Blind Man.
(Foto de Marcel Duchamp por Irving Penn)

2 comentarios:

pilar mandl dijo...

Como siempre, las obras son mucho más interesantes con "una" historia detrás, a mí me parece muy normal que la "desecharan" (?), me gusta mucho Duchamp, tengo un amigo coleccionista que tiene una "copia" del botellero y pagó bastante...

marcela dijo...

Yo también soy duchampiana, y por eso voy a vueltas con la vida, de partisana y como idiota internacional.
Besos